LA DEUDA PENDIENTE EN BOLIVIA: LA EDUCACIÓN EN SEGURIDAD DESDE GUARDIAS HASTA LOS ALTOS MANDOS

 La deuda pendiente en Bolivia: la educación en seguridad desde guardias hasta los altos mandos



En Bolivia, la seguridad se observa como un servicio meramente técnico operativo, lo que implica que muchas veces quede reducido al simple hecho de controlar, vigilar o utilizar elementos tecnológicos en una organización sea privado y de carácter público. Sin embargo, hay que tomar muy en cuenta, la existencia de un aspecto crítico que muy pocas veces es tomado en cuenta y entra un escenario de debate: la educación en seguridad. No simplemente nos referimos o hablamos solo de capacitar a un vigilante de seguridad en el uso de un bastón, radio o la escritura en un libro de novedades; en este grupo podemos incluir también a los mismos supervisores a quienes de forma muy básica se le capacite sobre la realización de rondas y controles que deben ejecutar en la realización o cumplimiento de sus funciones.

Particularmente, en este blog, nos referimos a una formación integral, moderna, contextualizada y con sentido estratégico que responda y se adecue a los desafíos reales que hoy enfrenta Bolivia en materia de seguridad.

¿Cuál es el problema estructural y silenciado?

Hoy por hoy, la gran mayoría de aquellos que trabajan en seguridad privada en Bolivia carecen de una formación profesional. Esto significa que apenas esta gran mayoría solo recibe un entrenamiento básico y puntual, muchas veces totalmente fuera del contexto actual, limitándose simplemente a protocolos desactualizados. Esta realidad no solo afecta a los vigilantes, sino también a supervisores, jefes operativos, gerentes de seguridad y hasta a quienes son responsables del diseño de planes de seguridad sea para el sector bancario, industrial, empresarial sean estos públicos o privados, incluyendo la seguridad en eventos artísticos y deportivos.

Según datos colectados por estudios efectuados de forma regional (FLACSO, 2021), señala que más del 70% de los trabajadores de seguridad en América Latina no tiene accesos una continua y buena formación mucho menos a una carrera profesional totalmente estructura, aspecto que se refleja en altos índices de rotación laboral, muy bajas competencias técnicas y por sobre todo la falta de criterio para toma de decisiones en escenarios de riesgo, considerando que desde un vigilante hasta un gerente de seguridad, es un gestor de riesgos. Lamentablemente nos toca decir, asumir y entender que Bolivia no está fuera de esta realidad.

¿La Formación policial es suficiente?

La institución policial ha desarrollado e implementado algunos programas de formación para el personal de seguridad, pero lo cierto es que tiene alcance limitado, contenidos muy básicos y poco o ninguna actualización, pero sobre todo fuera de la necesidad y realidad en nuestro país. Otro factor influyente es que la ejecución de estos programas tiene a ser de carácter vertical, autoritaria y poco reflexiva sobre el papel estratégico de la seguridad en un mundo globalizado, cambiante, interconectado y con nuevas amenazas como la ciberseguridad, gestión de crisis, análisis de riesgos, etc., considerando que hoy en día los riesgos son tan cambiantes, lo que significa que las medidas adoptadas hoy, es posible que mañana sean obsoletas si es acaso no acompaña un política de actualización de conocimientos.

¿Cuál es la importancia de la seguridad como campo de conocimiento y acción social?

Hoy no es suficientes que una persona en seguridad, que sepa cómo saber vestir un uniforme o seguir instrucciones en relación a las rondas, controles y otras medidas existentes. La seguridad debe entenderse y además de ellos ser asumido como un campo profesional, con interesantes proyecciones a futuro, que articula conocimientos de derecho, sociología, criminología, psicología, análisis de riesgo, tecnología, logística y ética profesional, en el entendido que la seguridad que hoy es una ciencia que se relacionar con otras. En países como Chile, Colombia o México, ya se desarrollan carreras técnicas y universitarias en Seguridad Ciudadana, Gestión de Riesgos o Protección Ejecutiva.

Estas experiencias recogidas de otras realidades, aunque no son perfectas, nos establecen el rumbo de lo que Bolivia podría construir adaptando a su realidad, lo que significa que debe tener un sistema de formación progresiva, con niveles, certificaciones, mallas curriculares por competencias y formadores con experiencia real.

¿Cuáles son los factores sociales y culturales que no pueden ignorarse?

v  Desprestigio del guardia de seguridad: En Bolivia, lamentablemente el rol de guardia, esto por decir un ejemplo, es considerado como trabajo temporal o peor aún, lo último que queda, luego de haber buscado otras fuentes laborales, aspecto que lógicamente desmotiva y resta el valor de esta digna tarea.

v  Falta de incentivos para formarse: Al no existir una carrera profesional o certificaciones que sean reconocidas a nivel nacional, muy pocos exigen formación y lo más triste que son pocos los que invierten en ella.

v  Poca interacción y coordinación entre el sector público y privado: Los contenidos del programa de formación de la Policía hacía este sector, no están alineados con las necesidades reales actuales, considerando aspectos sociales, económicos, políticos y culturales de nuestro país.

¿Qué necesitamos cambiar? A continuación, algunas sugerencias desde modesto conocimiento, que pueden ser importantes para mejorar estos aspectos:

  1. Diseñar un sistema de formación por niveles: esto sígnica que deben ser tomados en cuenta en estos niveles de formación, desde guardias hasta gerencias, con certificación progresiva.
  2. Currículas por competencias reales: debemos incorporar temas como el análisis de riesgos, comunicación en situaciones de crisis, uso racional y adecuado de la tecnología, adecuación y conocimiento pleno de la legislación, primeros auxilios, entre otros.
  3. Plataformas mixtas de aprendizaje: Esto significa que la tareas y responsabilidades asignadas al personal de los diferentes niveles, deben tener acceso a la facilidad de modalidad existentes sean estos presencial y virtual, con simulaciones y casos reales.
  4. Vinculación con universidades e institutos técnicos: Definitivamente nuestro sistema educativo debe cambiar de postura incluyendo a la Policía boliviana, quienes deben incluir a este segmento, de relevada importancia, permitiendo crear carreras cortas o diplomados pero validados por el Estado a través de las Universidades o Institutos.
  5. Revalorización social del trabajo en seguridad: Se debe generar campañas de concientización y mejoras de condiciones laborales para todos aquellos involucrados en el área de seguridad, permitiendo que la sociedad entienda y comprenda la importancia de este sector en la prevención del delito.

¿Qué debemos mirar hacia adelante?

La formación en seguridad no es un lujo, se convierte es una enorme necesidad. No se trata de tener cualquier formación, sino una que respete y tome en cuenta el contexto, responda a las necesidades y la realidad boliviana, que además proyecte una profesión digna y respetada. La seguridad ya no se trata únicamente de presencia física, sino, se trata de estrategias, análisis, decisiones y compromisos de quienes forman arte o requieren de la participación de este segmento tan importante. Como en cualquier sociedad desarrollada, la educación debe ser el primer paso, de manera que tengamos personas comprometidas cumpliendo esa tarea de prevención desde el escenario en el que se encuentre.

Referencias:

v  FLACSO (2021). Seguridad privada en América Latina: estado actual y perspectivas.

v  Universidad Nacional de Quilmes (2020). Formación en Seguridad y Policías: debates y desafíos en América Latina.

v  Dammert, L. (2019). Re-pensar la seguridad ciudadana en la región. CEPAL.

 

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